Aunque haya escasez de comida, falte dinero y un techo en Puerto Príncipe, los haitianos no dejan de usar los teléfonos celulares, pues a través de este medio de comunicación suelen avisarse de dónde se está repartiendo comida, saber si algún familiar vive tras el terremoto del pasado 12 de enero e incluso alumbrarse durante las noches.
Las escenas surrealistas que acompañan cualquier paseo por la capital haitiana dejan estampas como las de colas kilométricas, pero no para esperar el reparto de alimentos, sino para comprar una tarjeta para el celular o personas que duermen en la calle apenas protegidas por una sábana deteriorada.
Dormir en la calle, algo que hacen miles de personas cada noche en Puerto Príncipe, es una cuestión de seguridad básica ante la falta de una vivienda o el temor a que las que siguen en pie terminen derrumbándose.
NEGOCIO. Francois Johnson, un joven técnico en reparación de refrigeradores, adoptó como nuevo empleo dar servicio de carga de electricidad a los celulares, para lo cual todas las mañanas desde hace 15 días baja a una de las principales avenidas que conectan el barrio de Petion Ville con el centro de Puerto Príncipe y allí coloca dos baterías de automóvil y con dos clavijas adaptadas ofrece el servicio para recargar más de una docena de teléfonos celulares a la vez.
“No se gana mucho, cada carga cuesta un dólar, y en un día se pueden ganar más de ocho dólares”, explicó, ante unas baterías que, jura, tenía ya antes del terremoto.










